miércoles, 12 de marzo de 2014

Como el Uruguay no hay


La tan orgullosa frase de los tiempos de mis padres nos reventó en la cara apenas ellos dejaban su primera juventud y nosotros íbamos a la escuela o apenas la iniciábamos. ¿Cómo nos pudo pasar eso? aún hoy nos preguntamos, y ríos de tinta corren sobre el tema. ¿Cómo pasamos de la sociedad hiperintegrada, de la Suiza de América, a una en la que aprendimos que una cosa es marginalidad y otra es pobreza, y los barrios y las tribunas del estadio se segregan? No es de mi expertise responder demasiado bien esas preguntas, pero creo que alguna carácterística sicológica o sico-sociológica tiene que ver.

Con fama de humildes, que sabemos cultivar, los uruguayos somos orgullosos y soberbios también. Nuestro pequeño territorio, nuestra baja población, nuestra dependencia de casi todo, nos hace resaltar cada mínimo éxito como si fuera gigantesco, y si no lo tenemos, lo inventamos. El Uruguay pequeñito pero culto, demócrático, faro intelectual, tierra ideal, bla bla bla, devino rápidamente en los horrores que ya conocemos.  En mi opinión, si hubiéramos sido tan geniales no la hubiéramos pasado tan mal. Pero fuimos engreídos, por alguna misteriosa razón al pueblo elegido (¿por Pepe Batlle?) no le podía pasar nada malo, pero le pasó, y cuanto.

Hoy en día parece estar sucediendo algo parecido con la ciencia, o más bien con la manera de darla a conocer a la gente. Para apreciar la labor científica y a los científicos, se debe contar algo espectacular, con algo maravilloso, lo más o lo menos, lo que sea con tal de que indique que en esta tierra sucede algo más importante que en otros lados; seremos pequeños pero de contenido excepcional, como dicen que pasa con los frascos de perfume.

Así, y en los temas que más o menos uno entiende, resulta que tendríamos (¡y el condicional es muy marcado en varios casos!) los bilateria más antiguos del mundo, los embriones del reptil más antiguos del mundo, el Homo sapiens más antiguo de América, el foraminífero más antiguo del mundo, los bivalvos de agua dulce fósiles más grandes del mundo, el roedor más grande del mundo, para no hablar de asuntos generales como el asado más grande del mundo, la torta frita más grande del mundo, el río más ancho del mundo, el acuífero más grande del mundo...  Todo esto, y mucho más, en un territorio de tan solo unos 176 000 kilómetros cuadrados. Usted, ¿no desconfiaría?

O bien las traducciones de los antiguos manuscritos están mal y donde dice Jordán debe decir Hum, y donde dice Ararat debe decir Cerro de Montevideo, o se nos está yendo la mano con eso de la Tierra Prometida.

Es comprensible el afán de los medios de comunicación por tener noticias espectaculares y que masajeen el ego nacional; al fin y al cabo no es tan fácil obtenerlas en un rincón del mundo en el que se dedican minutos y minutos del informativo central a describir y mostrar los resultados de accidentes automovilísticos o a requerir la palabra de todos los vecinos del almacenero robado. Lo preocupante es cuando en el medio académico se toman las cosas de esos mismos medios, sin tener al menos la inquietud de leer el abstract de los trabajos originales, o de ver como reacciona el ambiente científico ante tal o cual "descubrimiento". ¿Se ha perdido la capacidad crítica, o aún no la hemos desarrollado en forma suficiente?

Dicen que el tango fue aceptado por la sociedad rioplatense luego de que triunfara en París. Los científicos uruguayos, ¿debemos ser aceptados luego de salir en El País?


lunes, 25 de noviembre de 2013

Héroes, se necesitan


Hace unas semanas asistí a una muy interesante conferencia sobre las colecciones, la pasión por la ciencia y el descubrimiento. La conferencia comenzaba con un impactante recuerdo
"Se buscan hombres para un viaje peligroso, sueldo bajo, mucho frío, largos meses de completa oscuridad, constante peligro, retorno con vida dudoso, honor y reconocimiento en caso de éxito". 

A este anuncio publicado por E. Shackleton en 1913, con motivo de una de sus expediciones antárticas, habrían respondido más de cinco mil personas. Que bonito, que temple, que arrojo... que falso! 


En realidad el anuncio nunca existió, y si bien Shackleton es uno de los líderes más reconocidos de la exploración de la Antártida, por ello mismo no hacía castings ni anuncios por la prensa; seleccionaba muy bien sus hombres y todos pensaban en volver, por supuesto. A pesar de ello, el mito del anuncio lleva ya unos 70 años. Aparece por primera vez en 1944 en un libro moralista de Carl Hopkings Elmore:

Otro libro la levanta en 1949 (la carátula de más abajo es de una edición muy posterior) y hasta le da una forma de clasificado de diario como la que figura al principio de esta entrada).


Y a partir de ahí la historia toma tal vuelo que se vuelve una verdad que nadie coteja. 

Sin embargo desde hace más de 10 años, el foro The Antartic Circle viene ofreciendo simbólicamente 100 dólares al que muestre donde se publicó el anuncio. Obviamente, nadie los ha ganado. Y eso que Shackleton ya era un personaje desde la primera década del siglo y había sido nombrado Sir, no era alguien anónimo precisamente.


Sir Shackleton nunca llegó al Polo Sur, y la carrera por ser el primero fue ganada por R. Amundsen en 1911, al llegar al mismo cinco semanas antes que el británico R. Scott, quien muriera junto con sus hombres en el viaje de regreso. El falso anuncio de Shackleton corresponde a un objetivo que éste se puso luego de haber quedado atrás la lucha por el Polo Sur: cruzar la Antártida de punta a punta. 

Y continuando con estos personajes y para seguir en el mundo del fin del mundo, circula por ahí una frase que se supone dijo Amundsen en privado luego de lucirse en una conferencia, que habría dicho algo así como "Yo llegué primero, pero Scott se quedó con la gloria". En realidad, ni lo dijo, ni la gloria de ser el primero en pisar el Polo Sur la tuvo Scott, sólo una especie de martirio casi que buscado. Amundsen fue harto más previsor, entrenado y eficiente y ganó con justicia y lógica esa carrera, sin arriesgar la vida de nadie a su alrededor (pero era noruego y no súbdito del imperio británico...) . La desgracia de Scott y su gente merece el mayor de los respetos, pero también quien hizo mucho mejor las cosas. 

Aunque resulte un poco más aburrido, como la selección de personal que hacía en realidad Shackleton...


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domingo, 6 de octubre de 2013

Un socialista de 90 años

del sitio web del NHM

"Soy un socialista acérrimo" proclamaba hace cien años un joven en su cumpleaños 90, ante un periodista que lo venera como el "gran anciano de la ciencia". El periodista, entre los antecedentes del entrevistado, menciona en primer lugar su papel como co-descubridor de la teoría de la Selección Natural junto con Darwin, mérito poco conocido entre el gran público.

Alfred Russel Wallace, nacido en 1823 en Inglaterra, tuvo durante una fiebre en Indonesia en 1858, probablemente provocada por malaria, la idea de la Selección Natural. Apenas recuperadas sus fuerzas, escribió un ensayo y se lo envió a Darwin, con quien ya había mantenido correspondencia. Darwin efectivamente venía trabajando calladamente en su libro sobre la trasmutación de las especies, pero su obrar dista bastante de haber sido todo lo ético o inocente que él y sus amigos Lyell y Hooker pretendieron luego; para ser breves, entró en pánico y maniobró para no perder la prioridad de la hipótesis. El hecho es que el 1 de julio de 1858 el ensayo de Wallace y dos de Darwin de fecha anterior (una carta y un borrador) fueron leídos bajo el auspicio de los mencionados en la Linnean Society y publicados en esas condiciones en agosto (primero lo de Darwin y todo esto sin haberle pedido permiso a Wallace).

El talante generoso de Wallace hizo que no hubiera complicaciones a posteriori, y que inclusive publicara un libro sobre evolución llamado "Darwinismo". Durante toda su vida le profesó el mayor de los respetos a Darwin, afirmando que él solo había tenido una idea y que aquél era quien había presentado algo elaborado.

¿Pero que hacía Wallace en Indonesia cuando tuvo su inspiración? Hombre sin fortuna personal, prácticamente autodidacta, realizó diversos trabajos hasta que se fue a colectar (con objeto de venta)  a la región amazónica junto con H. W. Bates;  más tarde se sumó un hermano menor suyo que moriría allí de fiebre amarilla. Para su mala fortuna, y luego de 4 años en la zona, el incendio del barco que llevaba el fruto de sus trabajos hizo que se perdieran sus ejemplares. No por ello desmayó don Alfred, y al poco tiempo embarcaba con similar objetivo rumbo al archipiélago malayo. Alli fue donde no solamente se le ocurrió la idea de la Selección Natural, sino otras altamente originales y pioneras, sobre evolución (plasmadas por ejemplo en el "paper de Sarawak"), biogeografía (una interesantísimo límite lleva su nombre), etc. Respecto a esta última disciplina, Wallace es considerado justicieramente uno de sus fundadores. Sin ir más lejos, las regiones terrestres que aún usamos son de su creación.

Pero los intereses de nuestro homenajeado iban más lejos, realizó importantes contribuciones en varias disciplinas, entre ellas la epidemiología, al introducir justamente la estadística en esos estudios (más específicamene respecto a la vacunación).
Y como lo indica el título de esta entrada, fueron muy fuertes sus intereses sociales  Wallace fue un sincero y activo socialista hasta el fin de su vida, trabajando en muchos casos junto a su hermana. Su concepción lo acerca a los utópicos (principalemente Owen y Mills), y de hecho en una búsqueda que realizé en sus escritos aparece la palabra Marx solo una o dos veces. Su principal idea fuerza era la nacionalización de la tierra y su reparto para ser explotada en forma cooperativa y abogó fuertemente por ello, llegando a ser presidente de la Land National Society. Pero también tuvo activa participación a favor de la ley de ocho horas y muchos otros temas.

Quizás quede en el debe su adhesión al espiritualismo a ultranza (llegando al espiritismo stricto sensu) y su negativa a aceptar la selección natural como explicación del "espíritu humano"; creo que llevando a un extremo extraño su fuerte y generoso humanismo.

Sea como sea, Wallace fue uno de los más importantes intelectuales de su época, y su legado es extraordinario. Entonces, ¿por qué su nombre es hoy en día tan poco conocido entre el público? Si bien como para todo, han existido varias teorías de la conspiración para explicar su oscuridad pública respecto a Darwin, últimamente se está considerando una hipótesis bastante lógica. Al contrario de lo que mucha gente piensa, la idea de la selección natural no tuvo una carrera ascendente hasta el día de hoy, sino que a fines del siglo XIX y principios del XX, cayó en descrédito, fundamentalmente debido al descubrimiento de la mutaciones cromosómicas, lo que llevó a considerar este último fenómeno como el determinante de la evolución (el debate era entre "Mutacionismo" y "Seleccionismo"). Cuando a a fines del años 1930 y principios de los 1940 surge la Teoría Sintética de la Evolución conjugando varias vertientes evolucionistas, vuelve a tomar fuerza la Selección Natural y aparece el nombre Neodarwinismo. Ese énfasis en Darwin como héroe científico, muchas veces con motivos marketineros, llevó más o menos inevitablemente a eclipsar la figura de Wallace, a diferencia de lo que ocurrió en vida de ambos.

Unos meses después del reportaje que abre esta entrada, Alfred Russel Wallace moría en paz, y socialista.

viernes, 23 de agosto de 2013

La Reina del Plata

Para mi uruguaya envidia, y más allá de ya aburridas discusiones sobre su nacimiento, el hecho es que Gardel le cantó a Buenos Aires y no a Montevideo (o más que, en todo caso). Entre otros, pero primus inter pares, contribuyó a inmortalizar la frase "Buenos Aires, la Reina del Plata"  . Que puñalada trapera, Carlitos.

Sin embargo, mi honor oriental del Uruguay fue parcialmente salvado al poder desarrollar el proyecto "Erodona mactroides, la Reina del Plata...". Claro, Erodona mactroides no es una ciudad que le pueda hacer sombra a Buenos Aires, sino un simple molusco bivalvo, pero algo es algo.

Erodona mactroides es una auténtica rioplatense; de ancestros inmigrantes, vive en ambas orillas, se adapta a condiciones súbitamente cambiantes, es muy resistente a la contaminación, en algunos lados la han explotado hasta casi extinguirla, pero aquí está, como la cigarra. A decir verdad, también vive en el sur y sudeste de Brasil, restringida a lagunas, pero bueno ¿cuántos rioplatenses de dos patas viven también en estas zonas al fin al cabo?

Como fósil el género es conocido desde el Mioceno y E. mactroides desde el Cuaternario, teniendo como virtud, entre otras, el ser una especie claramente indicadora de ambientes estuarinos.

De humilde origen -fue descripta con localidad desconocida- y nombre humillante (Erodona provendría del griego "diente cariado"), a Reina del Plata... Hay esperanza para los fósiles sin glamour.







viernes, 12 de julio de 2013


Carátula Interior Frontal de Sui Generis - Pequeñas Anecdotas Sobre Las Instituciones

A partir de fósiles hallados en YouTube

Allá por los años 70, se escuchaba un tema de Sui Generis notablemente sincera: "¿Para quien canto yo entonces?" Charlie y Nito sabían su respuesta http://www.youtube.com/watch?v=_wjq2WzlsM8.

¿Y para quien escribe un científico? En primer lugar, escribe para sus pares, publicar es parte de la investigación científica y la verdadera prueba de fuego de lo que uno hace. Para ello usamos un lenguaje que puede ser árido, aburrido, o con suerte no tanto; pero de lo que no debe abdicar es de la claridad y el rigor.

También el científico puede escribir para divulgar sus investigaciones, con diferentes niveles de profundidad o generalización según el público al que quiere llegar. En este caso también debe ser claro y riguroso, pero normalmente se permiten ciertas licencias y simplificaciones, así como se es más libre para usar recursos que buscan por sobre todo llamar la atención o lucir habilidades literarias.

Lo habitual es que el público general conozca entonces al científico como divulgador, incluyendo además de la escritura, apariciones en la prensa de todo tipo, o en internet. Esto lleva a que haya investigadores más populares que otros, o más graciosos que otros, o más manipuladores que otros. Algunos llegan a ser verdaderos fenómenos mediáticos, legítimos o no tanto (mejor me libro de se acusado de difamador no llenando este paréntesis con nombres).

Es bueno entonces que quienes producen conocimiento lleven sus resultados a un público más amplio, y que intenten ayudar a la cultura general de la gente. Pero no es su tarea primaria, para ellos hay otros profesionales, los periodistas científicos, que se especializan en hacer esa transmisión de la mejor manera. El mejor programa de divulgación científica que vi no fue el famoso Cosmos de Carl Sagan (https://www.youtube.com/watch?v=WqpKidIIUj4, estrenado en 1980), sino uno bastante más desconocido (Connections, https://www.youtube.com/user/JamesBurkeWeb), llevado adelante por el periodista (y algo más) James Burke (de fines de los 70).



Este tema no me preocuparía demasiado si cierta vez no hubiera escuchado a un estudiante hablando con gran respeto de un científico porque su trabajo había  sido comentado en una cadena periodística internacional, lo me llevó a responderle en términos similares a los que expresaré inmediatamente, y que repito entonces, dado que he percibido que es una idea bastante habitual aún entre los estudiantes de ciencias.

¿Qué o quién valida el conocimiento producido por un investigador? Como decía más arriba, sin entrar a cuestiones epistemológicas más profundas, la validación viene de exponer nuestras ideas a la crítica abierta de los colegas, y por el momento eso se hace publicando en revistas científicas, en papel o digitalmente.
Si este paso falla, es decir, si somos malos investigadores, no importa lo populares que lleguemos a ser, o que la prensa -generalmente muy floja por estos lares- piense o divulgue por conveniencia que el mundo mira extasiado para estas latitudes. Lo primero es lo primero y hacer buena investigación es nuestra tarea central. Divulgar es deseable, divulgar bien es más deseable, pero no debemos entrar en carreras a ver quien  sale más en los mass media. Claro que se puede ser un científico mediático o simpático, pero ser mediático o simpático no es sinónimo de hacer buena ciencia. No nos llamemos a engaño.

Ya lo decían Miguel y el Comité (adivinen, en los años 70) http://www.youtube.com/watch?v=QSo4E6gXebo.